¿Sabíais que algo “cheto” es algo “guay”? Yo no tenía ni idea hasta el pasado 16 de diciembre, día en el que fuí a comer al 2º turno del comedor y estuve jugando a palabras encadenadas junto a un grupo de alumnos de sexto.
Aunque me haga sentir un poco más mayor de lo que ya soy, he querido empezar mi crónica con esta pequeña anécdota para intentar explicar el ambiente que percibí en el comedor, ya que aunque yo soy el primero que espero una comida abundante y de calidad para mi hija, a veces esto hace que me olvide de que el comedor es un espacio donde se desarrollan relaciones y se obtienen aprendizajes que van mucho más allá del ámbito alimentario, y creo que es justo valorar este servicio y a las estupendas profesionales que allí trabajan poniendo en valor el sensacional ambiente que existe en el mismo.

Sobre la comida de aquel día: el primer plato según el menú era “Arroz a la Milanesa”. Si nos ceñimos a la receta que encontramos en internet, es justo decir que de Milanesa tenía poco, pero yo creo que lo importante es que tanto a mí como a todas las alumnas y alumnos que pregunté, les supo muy rico. Básicamente nos encontramos con una ensalada de arroz blanco con carne (cerdo) y vegetales (guisantes y tal vez cebolla), servido caliente y en una cantidad tirando a generosa. Si bien considero que el arroz estaba en un punto de cocción óptimo, algún grano se había quedado excesivamente duro, factor que no impedía disfrutar de un sabor que iba más allá de un simple arroz hervido gracias a la mezcla de ingredientes anteriormente comentados. Que bastantes alumnos y alumnas quisieran repetir incluso después de haber acabado su segundo plato, dice mucho de lo satisfactorio de esta comida.

El segundo plato consistió en “Tortilla de patata” y “Ensalada de lechuga”. Lo primero que llamaba la atención de la tortilla es que esta era cuadrada, ya que según nos explicaron para su cocinado se había utilizado el horno y no la sartén. Esta peculiaridad, unida al hecho de que hubiera menos cantidad de patata de la habitual, hizo que adquiriera una textura más esponjosa, llevando al comensal a pensar que se encontraba más bien ante una tortilla francesa. Más allá de la nacionalidad de la misma, su sabor era bueno, la temperatura óptima y la cantidad suficiente, gustando a quienes les gusta la tortilla habitualmente y no haciéndolo a sus detractores habituales. Sobre la ensalada poco que comentar, como adulto eché de menos un poco más de aliño y algún ingrediente extra, pero la hoja era fresca y tenía buen sabor.

El postre consistió en una fuente de mandarinas, la cual fue completamente arrasada en segundos y confirma el éxito de ofrecer fruta de temporada. La mía, al margen del buen sabor, iba con extra de semillas pero pude constatar que fue la excepción de la mesa.
Por último, señalar que durante un par de semanas de diciembre (incluyendo el día de la visita) y de forma temporal, el cocinero principal ha sido una persona distinta a la habitual. A la pregunta a las niñas y niños sobre si notaban alguna diferencia entre la comida de los últimos días o de este curso con respecto al pasado, la respuesta mayoritaria fue que la comida no les parecía ni mejor ni peor, simplemente un poco diferente.
